viernes, 30 de abril de 2010

Y el segundo...

Porque se ve que a Blogger no le viene bien que colguemos vídeos de dos en dos...


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Dos random-videos

Del primero de mayo en Nara (aunque lo celebraron el 29 de abril, ya que allí el 1 de mayo no es fiesta), donde podéis ver lo ordenaditos que son los japoneses hasta para manifestarse, y de cómo hacen las "rice-cakes" (lo siento, aquí sólo hablo inglés y arigatou), una especie de bolas verdes de arroz machacado con consistencia entre el chicle y un crêpe y relleno de judías dulces (están buenísimas). Obviamente es la versión historiada para turistas, pero no deja de ser curioso, y probablemente viene de lo aburrido que debe ser pastar durante mucho rato el arroz.


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miércoles, 28 de abril de 2010

La vida en Japón es muy fácil

Todo el mundo pronosticaba un shock cultural, un cambio radical entre Valencia y Kyoto, pero no sólo no es así, sinó que cada día que pasa veo más cosas en común, aún a pesar de algunas diferencias que me hacen darme cuenta de dónde estoy. No me gusta generalizar, pero tendré que hacerlo, porque de lo contrario no hay forma de comparar dos culturas, o dos países.

La vida aquí es fácil, te la hacen fácil, y yo me encuentro muy agusto. De hecho, dudo que si me hubiese ido a vivir fuera de casa en Valencia estuviese tan bien. Tiene cojones que en Bélgica tuviese más malentendidos en bares y restaurantes que en Japón en el mismo tiempo. Allí, desde no hacer visible que te habían escuchado dar las gracias, hasta servirte platos equivocados, pasando por vender tickets de tren que no eran. Todo eso en 4 días. Aquí, en un país en el que el inglés está al nivel de España en los 70, en el que pocas cosas están en romaji, en el que he pedido platos que ni conocía en un idioma en el que sólo sé 4 palabras, en el que he entrado en tiendas de pueblo y he cogido trenes de cercanías en el que sólo viajan japoneses, en el que he comprado en droguerías y en panaderías de barrio, no he tenido ni un solo malentendido, me han atendido perfectamente y lo han hecho todo facilísimo, sin contar lo agradable que es entrar a un sitio con todo el personal sonriente (os juro que no se les ve forzados) y dispuestos a ayudarte en lo que sea. Para un flamenco, un francés o un inglés, si no sabes su idioma es TU fallo y ya te apañarás, que ellos no van a hacer ningún esfuerzo; para un japonés, SU misión es hacértelo todo lo menos complicado que puedan, y ya se buscarán ellos la vida (gestos, señales, inglés ultra-básico) para hacerse entender. Y que conste que no es sólo cuestión de idioma, es una forma de hacer las cosas.

Aparte de eso, y hablando de similitudes, Kyoto es una ciudad perfecta en tamaño, igual que València. Cierto es que en mi pateo de hace dos días acabé muerto (de 7.00 am hasta las 9 pm y 20 kilómetros según el mapa), pero el caso es que desde la parte sur, donde estoy yo, hasta el centro se puede ir andando. Está claro que si se va de turista lo interesante es llegar cuanto antes para aprovechar, aunque en medio te pierdes una enorme variedad de gente, calles, comercios y ambientes. Es plana, y el tiempo es idéntico ahora mismo, tanto de temperatura como de humedad. Está rodeada de campos de arroz y montañas, aunque aquí los bosques son muy frondosos y llegan al límite de la ciudad. Pero los arrozales (voy a intentar colgar alguna foto aquí o en el flickr en cuanto pueda) presentan un paisaje muy, muy parecido al de l’Albufera, e incluso su historia de desecación, cambios de uso, etc, es muy similar. Pero vamos con tres diferencias.

1) No hay barrios peligrosos. Ninguno. Ni buscando adrede. Ni bajo de un puente (hay pistas de tenis para aprovechar el espacio), ni en un parque por la noche, ni en una calle andando solo. Probablemente haya zonas más deprimidas, pero sólo tenéis que ver la web del Ministerio de Exteriores. La seguridad ciudadana es una percepción más que otra cosa, y aquí se nota la ausencia total de esa percepción. Hay que venir aquí para entenderlo, no se puede explicar. Yo no me lo creía. Ya podéis ver que sólo han hecho falta un par de días aquí.

2) Decía que Kyoto es parecida a València. Que es llana, que tiene un tamaño similar, un clima similar. Entonces, ¿por qué aquí hay tantas bicis? ¿Por qué la gente, ejecutivos incluidos, va en bici? No es sólo Kyoto, está claro, otras ciudades españolas y europeas tienen un panorama similar, pero la comparación con Kyoto es la más ajustada por orografía y extensión. Incluso me atrevería a decir que Valencia es aún mejor que Kyoto para ir en bici: llueve menos, hay rondas interiores y tiene una arteria verde como el río. Saquen sus propias conclusiones.

3) Está LIMPIA. Pero limpia quiere decir limpia como el suelo de tu casa. O más. Después de 14 horas andando contabilicé 2 colillas, 1 papel y 1 pequeño plástico. Seguro que tenéis más mierda en la cocina y el comedor que todo el centro de Kyoto junto. El plástico era de Chupa-Chups, o sea que ya sabemos de dónde venía. La estación de Kyoto es un edificio impoluto, pese a la cantidad de gente que lo transita y su extensión. En Europa, por avanzada que sea la ciudad, las estaciones de tren son invariablemente de lo peorcito que hay: reventados y camellos en Ámsterdam, ladrones y pedigüeños en París y tirados y borrachos en Bruselas (uno de los días estaba la policía deteniendo a un par de personas). La estación de autobuses de San Francisco (una ciudad maravillosa, aunque con su reverso oscuro) es la peor en la que he estado (rivalizando con la de Sacramento); probablemente un paseo por el Bronx en plena noche fuese más seguro y agradable. ¿Cómo puede estar tan limpia? Una ciudad se ensucia cuando se dan 2 circunstancias: la gente es guarra (ejemplo clarísimo: Valencia) y se limpia poco y mal. Aquí se da la inversa: en la vida verás a un japonés tirar algo al suelo (es más, ni tan siquiera lo verás tirarlo al receptáculo equivocado, porque aquí NO hay papeleras por la calle, sino, muy de tanto en tanto, mini-contenedores para los distintos tipos de residuos), y están constantemente limpiando, aunque no esté sucio. Esta mañana, por ejemplo, he visto a un grupo de 7 personas vestidas con traje de oficina, 2 mujeres y 5 hombres de distintas edades, bajar a la calle con escoba y recogedor. Obviamente no son trabajadores de la empresa de limpieza, puesto que ese caso llevarían un atuendo adecuado. Son gente que hace eso de forma ocasional, y por lo tanto, voluntaria. Y sí, se han puesto a barrer la calle, un ejecutivo mayor hasta se ha arrodillado a arrancar UNA A UNA las plantitas que crecen en la acera, una mujer ha arreglado las flores del jardín… ¿Captáis la idea? CUIDAN su calle. Y estoy seguro de que ni tan siquiera es donde viven, sino donde trabajan. Toma ya.

Y lo dejamos aquí, que yo se supone que he venido a este país a trabajar, y me toca ponerme otra vez en el asunto, después de parar un momento a comer.

Ja mata ne!

11.000 kilómetros

Llegué un sábado medio dormido, después de haberme pasado en la cama sólo 6 horas de las 64 horas previas al viaje (y aguanté hasta 12 horas después, ecir, me acosté con un promedio de menos de 2h de sueño cada 24h durante 3 días, ¡ni en la ruta del Bakalao!). En el avión de París no dormí por la corta duración y porque leer el periódico me despeja, al contrario que los libros. En el Charles de Gaulle vegeté como pude entre cafés made in Mordor y agua a precio de Waterworld, hasta llegar al avión, tras ser, por primera vez en mi vida, el primero de una cola quilométrica (¡no veáis el gusto que da!). Afortunadamente, me pusieron en pasillo de emergencia en ambos vuelos (requisito gordonautil a la hora de hacer el check-in), aunque para el CDG-KIX ya había escogido pasillo al comprar el billete en febrero (y no un pasillo cualquiera, hay asientos y asientos, os recomiendo consultar SeatGuru antes de cualquier viaje largo). Sin embargo, hay que tener una cosa en cuenta: la mayoría de los gordos, sean gordonautas, gordobarbas o gordosapiens, tienden a escoger esos asientos. Resultado: al lado se me sentó una mole inmensa, igual de alto que yo, pero el doble de ancho en ambos ejes. Yo creo que el avión iba escorado. Menos mal que en los asientos de emergencia los reposabrazos son fijos y hay separador de metal, porque de otra forma lo hubiese pasado peor aún. El tío, aparte de gilipollas y gordo, era un borracho, con lo que se empezó a zumbar gintonics desde el minuto -1, pasándose después a la cerveza, al tinto y finalmente, cuando se había acabado todas las existencias del avión, al blanco. Además, tuvo la suerte (para mi desgracia) de encontrarse con una amiga chillona y hortera, que resultó ser violinista, pero que como use su instrumento como sus cuerdas vocales lo lleva claro. Entre los dos (y el lavabo, que tenía justo enfrente) me amenizaron un viaje en el que intenté ver el bodrio de 2012, y que dejé por imposible cuando metieron a demasiado negro en plan T2 (¿aún estamos así?) y un paleto-padrastro graciosillo empezó a pilotar un Antonov, que se caen aún con pilotos profesionales a los mandos.

Así que me chuté un par de biodraminas (tienen en mí un efecto inmediato y extraordinariamente eficaz en lo que respecta a la inducción del sueño), me puse el fantástico antifaz de Air France (sin ironía, es muy bueno) e intenté dormir algo mientras amanecía en China, pero entré en un bucle de incomodidad/voces/codazos que no me dejó más que tener un par de microsueños de 3-4 minutos, hasta que decidí resopar algo (oh, qué curioso, del prometido buffet lo único que no tenían era helados Haagen Dazs), para después darme cuenta de que me iban a embutir el desayuno a continuación. Como una noche de fiesta, pero aún más acelerado. Así que un rato después me tomé el desayuno (aceptable, todo hay que decirlo) de pie (para evitar estrecheces y golpes, dado lo perjudicado que estaba mi enorme compañero de fila) mientras sobrevolábamos Korea y en el GPS aparecía ya Osaka.

A todo esto, hablé algo con una mujer japonesa de la fila posterior, a la que había ayudado a subir el equipaje de mano al principio, y me recomendó un par de sitios para ir en Kyoto, en una mezcla extrañamente inteligible de japonés, inglés y francés, que yo mismo acabé usando (con la adición del castellano y valenciano) de una forma que aún no acierto a comprender. Al bajar del avión soy consciente de haber hablado en al menos cuatro idiomas en Japón, decantándome por el “merci” para dar las gracias y “oui” para decir que sí, a lo cual sigo buscando explicación dado mi nulo nivel de francés.

Y aquí acaba este post, porque aquí empieza Japón.

viernes, 23 de abril de 2010

Desde el Charles de Gaulle

Y escribo medio dormido, porque de las últimas 50 horas sólo he pasado 7 en la cama, y encima tengo una dificultad especial para dormir en los aviones. Como tengo un ratillo (digue-li estoneta, digue-li 5 hores), pues posteo algo, que con los preparativos tenía el blog en stand-by.
Bueno, con los preparativos y con el seguimiento personalizado que le he hecho al humo negro (dejamos para otro momento el megaespoiler, por si alguien no ha visto la sexta xD), que sí, mucha coña y mucho Lost con una isla llena de humo negro, aviones y gordos por medio (aunque lo más cerca de la lotería que he estado en mi vida es la semana pasada con una quiniela de 11), pero la cosa ha ido por poco, un par de días como mucho. Menos mal que cambié la fecha inicial de mediados de abril a finales, porque si no ya me veo con el transiberiano...

Total, que aquí estoy, con 4 kilos de sobrepeso (de maletas, no mío, ya quisiera yo xD) no cobrados gracias a distintos trucos gordonautiles (tened en cuenta que nuestro volumen desmesurado se traduce en más peso en la maleta y hay que conocer todas las formas posibles de engañar a las del check-in, entre ellas ir más cargado que Chaplin en la guerra), tomándome un café au lait abominable entre colas de gente y megafonía estridente e ininteligilible en cualquiera de los distintos idiomas radiados. Afortunadamente me han puesto, en ambos vuelos, en la salida de emergencia, lo que permite estirar bastante las piernas y salir pitando en caso de que la escenografía lostiana se pase de la raya. Hablando de todo esto, creo que voy a ver el 6x013, que lo tengo calentito en el ordenador y seguro que no me duermo hasta que no esté por mitad de Rusia...

martes, 13 de abril de 2010

Faltan 10 días!

Y aún me queda sacarme el carnet internacional de conducir, enviar un par de paquetes por adelantado, hacerme la maleta (lo difícil será seleccionar la ropa, porque las vestimentas de los Gordonautas ocupa y pesa el doble que la de la gente normal), terminar un montón de trabajo, hacer un par de fiestas y despedidas familiares, cortarme el pelo, conseguir adaptadores de corriente, hacer las últimas compras (como por ejemplo el jamón envasado al vacío), cambiar los yenes, dejar hechos los mútliples papeleos de la Universidad y bueno, dormir algo, si me da tiempo xD

viernes, 9 de abril de 2010

Quedan...

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(Como diría Priscilla Allen en Total Recall)

miércoles, 7 de abril de 2010

Alojamiento en Japón: fácil para quedarse dos semanas, fácil para vivir un año, jodido para estar 3 meses

Sin entrar demasiado en el tema (da para mucho, os lo aseguro), y respondiendo a la pregunta que me hacen constantemente (¿Ya has encontrado piso?): ¡sí, ya tengo dónde quedarme en Kyoto!

Por lo que he estado viendo en mi búsqueda, el alojamiento en Japón no es caro, al menos ahora (muchos de los albergues y habitaciones de precio asequible son bastante recientes). En Kyoto es fácil encontrar un ryokan de buen aspecto, con desayuno e incluso baño en la habitación por unos 7000 円 (yenes). Está claro que yo he tenido que huir de estos alojamientos, puesto que para quedarme tres meses, aún con beca, resultan demasiado caros. Los hoteles también; pocos empiezan por debajo de los 5000 円.
La siguiente opción son los albergues, sobre unos 3000 円/noche, más o menos. ¿Por qué los descarté? Porque seguían siendo caros a largo plazo y por lo impersonal, tampoco me apetecía pasarme tres meses a mi bola en una microhabitación, que los gordonautas somos una especie animal con bastantes requerimientos de espacio.

Y supongo que os estaréis haciendo la pregunta del millón: ¿Por qué no alquilar un piso/habitación? Bueno, pues porque para un gaijin es misión imposible. En el supuesto de encontrar alguien dispuesto a alquilar, hay que estar físicamente en Japón (con lo cual, de todas formas, tienes que llevar algún alojamiento reservado para los primeros días), debe respaldarte un nativo (ecir, un japonés debe avalarte) y el coste es elevadísimo. Hay que pagar fianza, obviamente, pero también una cantidad similar como "soborno" o agradecimiento (ojo, es legal); a eso se le suma el alquiler y la posibilidad de que el piso no esté amueblado. Está claro que si uno se va a quedar más de seis meses la cosa compensa, tanto económicamente como por independencia; pero si sólo vas tres meses el coste final por mes de alquilar el apartamento es altísimo.

Entonces... ¿qué solución hay? Más aún cuando no puedes alojarte en las cercanías de alguna universidad (siempre hay residencias que son una buena opción) y tienes un presupuesto limitado. Pues las gaijin houses: los japoneses se han dado cuenta de lo complicado que es quedarse en su país una temporadita para un extranjero, y desde no hace mucho cuentan con estas casas, especialmente dirigidas a personas como yo. En mi caso, he escogido la Oisibashi House, que se encuentra muy cerca de la estación JR de Kyoto (requisito indispensable, ya que cada día tengo que coger el tren), y que ofrece alojamiento por habitaciones a partir de un mínimo de 15 días. No es especialmente barata (y menos con el cambio actual del yen), pero cumple todo lo que le pido: habitación no claustrofóbica, A/A, cocina, lavadora, sala de estar y bien situada. No es necesario ningún aval, no hay fianzas ni "sobornos" por medio (tan sólo te piden la tarjeta por si cancelas) y reservar es extremadamente fácil. Aquí podéis ver un vídeo promocional. Y ésta es mi habitación:



La pregunta es: ¿estará esa cama de aspecto endeble preparada para soportar el peso de un gordonauta occidental? Probablemente no, pero tampoco me preocupa en exceso: a una mala, futón y al suelo.

A la hora de escogerla, me ayudó Sam, un blogger al que escribí preguntándole por sus experiencias en esa casa al leer su blog (enlazo la entrada sobre la casa), y me contestó enseguida. Desde entonces nos hemos escrito unas cuantas veces y la verdad que me ha ayudado bastante en algunos aspectos prácticos. Thanks, Sam!

Así que después de todo ya tengo dónde quedarme. No difiere mucho de una habitación normal de estudiante con todo compartido, excepto por las normas (por ejemplo, no meter a más gente en tu habitación, cosa que espero no cumplir) y la facilidad para reservarlo.

¿Cabéis en el espacio entre la cama y la pared? Entonces estáis invitados a mi humilde morada ;)